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En este momento vivimos la convivencia de los libros de texto tradicionales, los materiales curriculares digitales y la creación de conocimientos a partir de internet. Vamos a reflexionar sobre ello; dedicaremos en el seminario un rato a hablar de ello y poner en común las conclusiones. Este artículo del blog TIC - TAC -TOC, cuyo contenido aparece más abajo, puede servir como base del debate. Añade un comentario a ese artículo. Añade un comentario a ese artículo entrando en el blog y pulsando sobre el título para poder llegar a la zona de comentarios.

En este momento vivimos la convivencia de los libros de texto tradicionales, los materiales curriculares digitales y la creación de conocimientos a partir de internet. Vamos a reflexionar sobre ello; dedicaremos en el seminario un rato a hablar de ello y poner en común las conclusiones. Este artículo del blog TIC - TAC -TOC, cuyo contenido aparece más abajo, puede servir como base del debate. Añade un comentario a ese artículo entrando en el blog y pulsando sobre el título para poder llegar a la zona de comentarios. Envía también el comentario al tutor mediante el correo.


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Texto de referencia

Nuestro material curricular favorito es el libro de texto y pese a que vivimos en el silgo XXI permanecemos amarrados a textos en papel a pesar de su coste (económico y ecológico), al fin y al cabo tiene la incuestionable ventaja de que desde la primera a la última página recoge lo que los alumnos tienen que saber de nuestra asignatura, amén de ejercicios y actividades y, con el desarrollo de las nuevas tecnologías, un cederrón que suele acompañarlo. Semejante avance tecnológico nos libera de perder demasiado tiempo a la hora de escribir la programación de aula y, además, nos proporciona actividades y ejercicios de refuerzo o ampliación parecidas a las que vienen con las lecciones, propuestas que son totalmente cerradas que suelen venir en formato PDF para que las imprimamos sin posibilidad alguna de adaptarlas a las necesidades de los alumnos destinatarios de ese refuerzo o ampliación que, precisamente necesitan de material adaptado. Con este planteamiento tan simple como malintencionado, salvo por lo del cederrón, todavía era más cómoda la enciclopedia Álvarez, sobre todo para las espaldas de los estudiante: todo en un solo libro.

Si es el libro el que manda en la agenda de clase, la actividad docente resulta sencilla: se toman las lecciones del índice, se dividen por el número de días lectivos del curso menos unos cuantos que nos perderemos por algún imponderable programado o imprevisto y ya está: quien se lo sepa todo, un 10; quien sepa la mitad, un 5 y quien no sepa nada un 0. Muy simplista, es cierto, pero no lo es menos que en algunos casos sumamos a la carga del programa las posibilidades de las TIC y pretendemos ir desde la página primera hasta la última además de utilizar internet, porque seguimos empleando el texto académico como base para la evaluación.

Poco a poco, las editoriales proporcionan libros de texto digitales, que siguen siendo libros de texto aunque sean digitales y las administraciones crean materiales curriculares digitales que cubren, más o menos, el programa de las asignaturas. No estoy en contra de los textos ni me parece que los materiales curriculares digitales propios o ajenos sean la solución; creo que existe un término en el que se encuentran los materiales editados de una u otra forma (o de ambas) y el día a día de clase: la diferencia entre el apoyo a y la dirección del proceso educativo.



Las conclusiones del espacio de reflexión "Materiales y recursos educativos. ¿Existen los libros digitales?" de las IX jornadas de buenas prácticas educativas (Zaragoza, junio de 2010) pueden ayudarte.