Cambios en la docencia

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Introducción

Cuando soplan vientos de cambio, algunos cavan trincheras, otros construyen molinos.

Las tecnologías de la información y de la comunicación han entrado en nuestras aulas. El debate entre tecnófilos y tecnófobos, acerca de si la actual realidad debería producirse o no, ha caducado, pese al enroque reaccionario de algunos docentes que pretenden mantenerlo abierto. Discutir sobre ello es una trampa intencionada que sirve de excusa a quienes, cuando soplan tiempos de cambio, construyen refugios y trincheras para impedir que los demás construyamos molinos.

Las competencias básicas, el currículum aragonés, marcan una línea ineludible para la integración de las TIC en las aulas; las competencias digitales están en el currículo y son tan necesarias (para unos) o irremediables (para otros) como cualquiera de las capacidades más tradicionales. Un currículo que establece para cada área y nivel contenidos digitales concretos puede dejar en fuera de juego y protestando al juez de línea a un número indeterminado de docentes que no están preparados para incorporar a la escuela el tratamiento de la información y la competencia digital –que así se llama la cosa–. Muchos estamos en ello y nos debatimos, entre interesados y preocupados, buscando la forma de dar en el clavo, y algunos están sobradamente preparados, aunque no sean necesariamente jóvenes.

Llevamos muchos años con aquello de integrar las TIC en el currículo y nos encontramos que, por orden de nueve de mayo, se han integrado por Boletín Oficial, como las normas de tráfico y son tan de obligado cumplimiento como éstas. Ahora el debate es otro: cómo lo haremos. Desde luego, hay muchos gerundios para escapar a los cambios: resistiendo, pasando, excusando, huyendo, en fin, a refugios y trincheras, y también para acogerlos: adaptando, experimentando, colaborando, aplicando... en suma aprovechando los vientos que corren para construir molinos e invitando a los atrincherados a probar la harina de este costal.


Tenemos internet, pizarras digitales, vídeoproyectores, ordenadores... pero el cambio no está en los medios: somos nosotros los que hacemos que la escuela cambie. De nuevo el Boletín Oficial: en las convocatorias del proyecto pizarra digital se hace referencia a los objetivos que lo sustentan. Además del utópico revitalizar la autoestima profesional de los docentes, se formulan dos que afectan directamente a su cambio del rol:
  • Actuar como germen de innovación en el aula.
  • Lograr una notable renovación de las metodologías docentes y de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Por otra parte, la hoja de ruta del proyecto marca varias fases en la su implantación, que ya hemos comentado:

  • comienza el profesor,
  • cuaderno para los alumnos,
  • acceso a la información y elaboración de la propia,
  • comunicación y apertura hacia el exterior.

El boletín y la hoja de ruta (la norma y el proceso paulatino) pueden nuestro punto de partida.

Una caracterización del siglo XXI para docentes del siglo XX:

  • Basado en el conocimiento, la inteligencia y la capacidad para tomar decisiones.
  • La inundación informativa conlleva la pérdida de importancia de los contenidos ante el pensamiento crítico, las técnicas de comunicación, el proceso cognitivo, el pensamiento secuencial, la resolución de problemas…
  • Es tan fundamental la capacidad para buscar información y evaluarla como la capacidad de conocerla. Los cambios rápidos y la mutabilidad generan nuevas necesidades.
  • Aumento en la descentralización de organizaciones, instituciones y sistemas a las que se demanda: eficiencia, flexibilidad y fluidez. El modelo de aprendizaje ha de insistir en la responsabilidad personal para intentar, comprobar, innovar y crear.
  • Se orienta hacia la relación cuyos elementos característicos son: el diálogo, la negociación, la corresponsabilidad…
  • Cambian los centros de interés de una cultura lectora y analógica a una cultura visual y digital.
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Este boletín se editó como base para el debate en un foro sobre el cambio docente. Puedes leerlo completo, si lo deseas.















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Un texto que, con diferentes versiones de una misma idea, nos ha venido acompañando desde el año 2002.

Ordenadores, aliados o enemigos

Una clase expositiva (magistral o no tanto) puede mejorar mucho con una presentación de diapositivas; podemos reforzar aprendizajes rutinarios y memorísticos, como el cálculo o la ortografía, con un programa de enseñanza asistida por ordenador (EAO) o el corrector ortográfico de un procesador de textos. Pero este tipo de prácticas, con ser valiosas, nunca despreciables, pueden convertirse en una anécdota, como cuando utilizábamos el vídeo dos veces al año para explicar la lección de los volcanes o el ciclo del agua. ¿Y qué hacemos con el ordenador y la PDI el resto del tiempo? ¿Va a convertirse en un estorbo en lugar de en una herramienta valiosa?

En una clase tradicional, puede que sí: Son aulas con los alumnos dispuestos en fila, de uno en uno o como mucho en parejas, en las que no se trabaja en grupo y que carecen de objetivos como colectivo. El profesor y, sobre todo, los libros de texto los fijan de antemano: antes de Navidad –llueva o truene- hasta el tema doce. Sí, hombre, oímos también a menudo, con uno de integración y cinco inmigrantes... ¡Además, voy a utilizar los ordenadores! Pues sí, porque cuando hablamos de interculturalidad hablamos de diversidad en el aula. Mal acogeremos la presencia de alumnos inmigrantes o sencillamente diferentes en nuestras aulas si nuestra filosofía de trabajo exige aulas uniformes (que nunca han existido salvo en el imaginario de algunos profesores que suelen coincidir con los que apuntan a máximos y no a mínimos) en las que todos los chicos y chicas hagan lo mismo y a la vez, con aprendizajes individualizados en los que el alumno no enfrenta o coteja su saber y su experiencia con sus iguales sino únicamente con el profesor, creando en ambos un enorme estrés. Si los profesores y profesoras no cambian la forma de entender los procesos de aprendizaje, superando la dependencia de los libros de texto, la utilización de las TIC se resolverá en el uso de programas de software educativo por niveles, como el que ya proponen algunas editoriales, la mera transposición del cuestionario o el problema a una pantalla. Nada más. Sin otra práctica más abierta, investigadora y colaborativa siempre arrastraremos el sambenito de esto es imposible, tengo veintitantos alumnos de cuatro o cinco niveles distintos. Así no se puede enseñar, cuando sabemos que así se puede aprender más y mejor.

En estas clases impregnadas de mentalidad tradicional es muy difícil integrar las TIC en los procesos de aprendizaje. Como fue imposible integrar el vídeo, la fotografía, el periódico, ni siquiera los audiovisuales o el cómic. Pero la vida real está repleta de información, es información, y la televisión, los videojuegos e Internet, ocupan el papel que antes detentaban la familia y la escuela: son los creadores de opinión, homologan los valores en alza.

Integrar los ordenadores en el aula, más si están conectados a una PDI es importante por tres razones: la primera porque están en el mundo y todo lo que está en el mundo debe estar en la escuela, ser una herramienta más al servicio de profesores y alumnos, al servicio de una educación de calidad; la segunda como factor de compensación social “Los ordenadores –como formuló Myriam Nemirovsky- tienen que estar en clase porque están en casa y, si no están en casa, con más razón aún tienen que estar en clase” y salir diariamente de clase a casa para regresar al día siguiente; la tercera porque ya nos han ganado la partida otras veces y no podemos abdicar de esta batalla que nos devuelve oportunidades perdidas: la adquisición de información y el manejo crítico de la misma es indispensable en la educación de los nuevos ciudadanos y también lo es para la preservación de la democracia y de nuestra civilización, hija de la razón y de la libertad; de los derechos humanos y la separación de poderes; del laicismo y la tolerancia, hija de la Revolución Francesa.

El elemento que más está cambiando realmente la vida de las aulas y los centros en los últimos diez años no es el ordenador, ni la impartición del inglés desde los tres años, ni siquiera la presencia de profesores especialistas en audición y lenguaje o pedagogía terapéutica. Todos ellos son elementos indispensables y valiosísimos ¿Entonces qué es lo que cambia realmente la vida de las aulas? Las buenas prácticas educativas de los profesores y profesoras. Los docentes que, en aulas nivelares o internivelares, trabajan en y con la diversidad, respondiendo a las necesidades individualizadas de sus alumnos, sean inmigrantes y/o alumnos desfavorecidos socialmente o discapacitados; los que utilizan la PDI (y los folletos del hiper, en papel o proyectados) para leer y escribir o calcular -y nunca terminamos de aprender a escribir y leer-; quienes dirigen a sus alumnos en la navegación por Internet para buscar información con la que abordar sus proyectos de trabajo; aquellos que acogen en sus aulas a padres y abuelas, a bibliotecarias y mecánicos, haciéndoles formar parte del proceso de aprendizaje de los niños, poniendo las bases de una auténtica comunidad de aprendizaje en su pueblo o en su barrio; los que atienden a los sentimientos de sus alumnos y son capaces de crear un adecuado clima en el aula, del que emanan un orden creativo y una autoridad democrática; los que trascienden los libros de texto convirtiéndolos en sus aliados, elementos subsidiarios y nunca más directivos en el proceso de aprendizaje, nunca más enemigos de la diversidad, de la creatividad, de la investigación... de la educación.

Así pues, que las herramientas y aplicaciones digitales que usamos en el aula se utilicen, preferentemente, desde una filosofía, la construcción activa del conocimiento. ¿Por qué? Porque sólo desde una práctica renovadora pueden integrarse las TIC en la vida de las aulas.

Escrito por Pilar Baselga y José Ramón Olalla hace ya muchos años.



El cambio docente

Muchas veces se ha dicho que el papel del profesorado cambia con el uso de las tecnologías en el aula y pese a que es una afirmación con la que podemos estar de acuerdo, hemos de definir en qué consiste ese cambio. Veamos algunas opiniones de docentes:

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Algunas opiniones de compañeros y compañeras nuestros que analizan el cambio en su papel:

Mi papel como profesora, es inicialmente el de presentadora (motivadora) y guía de las actividades y del modo en que se manejan algunos recursos, es decir, actuaría como modelo y como mediadora entre los alumnos, los contenidos y las “herramientas” diseñadas para transmitirles esos contenidos. Más adelante, mi rol consiste en supervisar y reorientar (en caso de que fuera necesario) las actividades que realizan los alumnos de la forma más autónoma posible, atendiendo siempre a las dudas y problemas que pudieran surgirles, y asegurándome siempre de que hacen un uso correcto y adecuado de todas y cada una de las aplicaciones. (Ana Belén López)

Profesor facilitador. La figura del profesor como único facilitador del conocimiento y el alumno como elemento pasivo, tiende a desaparecer. El alumno obtiene mayor autonomía e independencia, adquiriendo un mayor control y más capacidad de decisión en el proceso de aprendizaje. El profesor se convierte, por tanto, en un punto de apoyo y de guía para el alumno debiendo monitorizar de manera constante y en colaboración con el aprendiz el aprendizaje. (Elena, profesora de idiomas)

Explora, imagina, prepara, acompañaExplora: abre tu mente a ideas que tal vez no te hayas planteado. La imaginación necesita ejemplos para nutrirse y crecer. Aliméntala bien. Imagina la forma en que ciertas experiencias que has recogido en tu exploración de posibilidades servirían para aportar una mejora en tu trabajo de clase. si sabes lo que quieres conseguir con tu enseñanza, entonces puedes llegar al punto en que la tecnología "encaja" en ella. Prepara: las actividades TIC son un recurso más para trabajar. Responden a una finalidad en el contexto de una programación de aula. Tienen que ser evaluables y evaluadas. Acompaña: ciertas "certezas de profesor" desaparecen y te encuentras, al nivel de los alumnos, con una diferencia importante: se supone que sabes a dónde quieres llegar con eso (ver el punto anterior). Entonces tu papel es más de acompañante y guía de los alumnos en un camino que ellos tienen que recorrer básicamente solos. (Fran Iglesias, proyecto Grimm).

Los maestros y los alumnos están en Internet, las escuelas tienen Internet, pero el sistema escolar no está en Internet. El sistema educativo en términos de procesamiento de contenidos, de estructura pedagógica, de gestión de las escuelas, está estructurado en una forma que para introducir ese cambio tecnológico y social a la vez hay que cambiar la organización de la escuela y los currículos, hay que sacar Internet del aula de informática (además cerrada con llave) y ponerla en los currículos de todas las materias. Hay que cambiar la pedagogía. Porque no es que los maestros con Internet tengan miedo de perder el poder, es que no saben cómo enseñar con Internet, nadie se lo ha explicado. (Manuel Castells, catedrático de la UOC).

Creo que la aplicación en clase de herramientas TIC conduce espontáneamente a la búsqueda de alternativas a los clásicos exámenes como método para evaluar.
Hace tiempo que me pregunto si puede aprender nuestro alumnado sin hacer exámenes.
Y cada vez estoy más convencido de que el trabajo mediante proyectos y las dinámicas participativas en clase difícilmente encajan con una examen al final del proceso en el que el alumnado tiene que demostrar en una hora lo que ha aprendido. Llevo unos veinte años sin hacer exámenes y ello no ha mermado en absoluto mi capacidad para aprender. -sigue...-
(José María, del IES El Palo de Málaga)