Un soporte para el profesorado

Introducción

La implantación del proyecto Escuela 2.0 en el aula ha de hacerse de una forma pausada y adaptada al profesorado que participa en él; como si de una carrera ciclista se tratara, ha de permitir que el pelotón mayoritario se adapte a la marcha y recupere a los rezagados mediante el apoyo del equipo, además de facilitar las escapadas, individuales o colectivas para que reviertan en beneficio del propio equipo. Estos diferentes ritmos de marcha pueden y deben conjugarse de forma coordinada por parte del responsable del programa en el centro.

Por ello, proponemos una hoja de ruta desde un punto de salida que supone cambiar el encerado tradicional por otro electrónico e interactivo, con la intención de que cada participante se incorpore a ella en el punto correspondiente a su nivel actual (al principio, en el tercer paso, en el quinto...), sin necesidad de volver por caminos ya recorridos individualmente y con la pretensión de que todo el profesorado llegue a la meta en un momento u otro, dependiendo de su punto de partida y de su capacidad de avance.


Conviene recordar que no se trata de llegar un punto donde nos encontremos cómodos, ese lugar en el que seguimos haciendo lo que hacíamos aunque con otra pizarra, sino que se trata de adoptar metodologías que nos permitan integrar la nueva herramienta para conseguir mejorar las competencias (todas, no sólo la digital) de nuestros alumnos ya que son ellos los verdaderos destinatarios de Escuela 2.0
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En las aulas tradicionales, el planteamiento de las tareas escolares está dominado casi en exclusiva por la realización de trabajos en papel y basadas documentalmente en textos académicos, la mayoría de las veces un único texto, u obras de consulta en papel, generalmente enciclopedias escolares de la biblioteca del centro o de casa. A lo largo de estos años de intentos más o menos afortunados de integración de las tecnologías de la información y de la comunicación en las aulas, hemos conocido casos curiosos, cuando no rocambolescos, protagonizados por colegas de profesión que no acababan de asumir la utilidad de los nuevos medios. Cada vez son más vivos los debates sobre si hay que escribir con el teclado, en pantalla o sobre papel; sobre si el libro desaparecerá, será un objeto de culto o permanecerá en las estanterías; el paso del tempo y la evolución de la tecnología lo dirán, es posible, incluso que no ocurra ninguna de estas cosas, sino otras como la desaparición del grafismo manual o tecleado como forma de escritura.

Tampoco hay que asustarse demasiado por ello, al fin y al cabo la cultura nació con la oralidad y no con la escritura (una técnica elitista y aliada del poder durante siglos); la generalización de la cultura como idea no es hija de la imprenta, sino del espíritu la Revolución Francesa; la realización de esa idea no ha sido posible hasta las sociedades democráticas. Hablemos pues de la importancia de los conceptos, de las ideas, de los descubrimientos; de la belleza, de la realidad, de la utopía y de la necesidad de comunicarlas (de emitirlas y de recibirlas) y no del medio (ya sea tabla de arcilla, tintero y pergamino, cuaderno y libro, pantalla o pizarra digital) cada medio pertenece a su tiempo y las libretas, que ya no usan ni los repartidores de paquetería ni los reponedores de bolsas de patatas fritas, han quedado relegadas a departamentos universitarios, institutos y colegios, y a sus alumnos, escribas de un cuaderno paradójico que no utilizarán en su trabajo futuro (salvo, quizás, que se dediquen a la docencia), escribanos de una realidad caducada.

Por eso resulta sorprendente leer en la programación de un departamento de Lengua que los alumnos escribirán a mano para que no usen el procesador de textos y, con él, el corrector ortográfico; en un documento de Educación Física que realizarán un trabajo práctico sobre la natación escrito manualmente para evitar que copien y peguen, o en otro de Ciencias Naturales que los trabajos se entregarán en papel blanco y con los dibujos realizados por el alumno.

Un texto en pantalla (histórico, literario, científico...) es un texto dispuesto a ser mimado, repensado ciento y una veces, reescrito y reordenado. Sin la preocupación del aspecto de nuestra letra o de las tachaduras, es posible centrarse en el contenido, si es esto lo que nos interesa, y nos interesa porque un buen escritor es un buen lector –apasionado y crítico- y a escribir (no a producir signos, sino a producir mensajes) sólo se aprende escribiendo. La pizarra electrónica proporciona a los productores de textos una amplísima gama de posibilidades de las que carece el cuaderno.

  • Entre una palabra y otra palabra siempre puede haber una palabra más, o dos, o tres... Incluso antes de la primera palabra puede haber una nueva primera palabra y otra más... Imaginaos lo que ganamos en expresividad.
  • Entre una palabra y otra palabra puede haber una palabra que sobra, o dos, o tres... Imaginaos lo que ganamos en concreción.
  • En vez de una palabra puede haber otra más acertada. Imaginaos lo que afinamos en semántica, como mejoramos nuestro vocabulario. Y además, si usamos un procesador de textos evolucionado, disponemos de un diccionario de sinónimos.
  • En vez de una palabra incorrecta podemos poner otra palabra correcta. Pensad lo que ganamos en ortografía (y el valor de la corrección inmediata en ortografía, que impide que “convivan” con la palabra mal escrita).
  • Entre una frase y otra frase siempre puede haber otra frase, y podemos cambiar una frase de sitio y reordenar el escrito. Imaginaos lo que gana nuestro pensamiento.

Con las herramientas web 2.0, un texto en pantalla es, sobre todo, un texto compartido, no sólo para leerlo, sino también para crearlo, mediante google docs u otras herramientas colaborativas.

Pero la escritura carece de sentido sin la lectura, y leer a través de la ventana electrónica no es sólo leer sino actuar sobre la escritura:

  • Leer el texto propio o el ajeno para revisarlo y, en su caso, cambiarlo.
  • Leerlo para estructurarlo, para revestir a las palabras:
    • Separarlo en párrafos
    • Cambiar tamaños y tipos
    • Enfatizarlo
    • Poner títulos, subtítulos
    • Viñetas
    • Listas numeradas
    • Columnas ...

Lo que Emilia Ferreiro llama la “misse en page”. Un texto correctamente vestido es un texto que se ha comprendido y que ayuda a estructurar el pensamiento del que lo produce y del que lo lee.


Además, un texto correctamente realizado (con buena ortografía, adecuada presentación, bien titulado...) promueve en nuestros alumnos el gusto por el trabajo bien hecho y realza su autoestima. La corrección, con sus compañeros o su profesor, no es una ofensa (una tachadura con bolígrafo rojo en el cuaderno, que estigmatiza a quien la sufre), sino la adopción de un nuevo punto de vista, un pacto entre iguales o una nueva mejora al texto original.

Los y las docentes preparamos para el futuro y no para el pasado, ni siquiera para la actualidad y esta filosofía de la comunicación es la que tenemos que plantearnos antes de usar nuestras pizarras digitales y entregar a los alumnos sus ordenadores personales.


Pizarra digital interactiva

Ya hemos dicho que disponer en el aula de una pizarra interactiva con su correspondiente proyector o de un ordenador para cada alumno no cambia necesariamente la forma de enseñar ni incrementa la innovación ni la calidad de la enseñanza; porque la innovación está en manos del profesor y los centros innovadores, no son más que el conjunto de profesores innovadores coordinados por un equipo directivo innovador, que construyen planes para innovar: el cambio no está en los medios, sino en el profesorado dispuesto a cambiar.

Es cierto que podemos poner en escena más recursos educativos si el aula dispone de una pizarra interactiva que si carece de ella, sobre todo si el profesorado utiliza modelos didácticos adecuados para sus alumnos, que faciliten su aprendizaje, incrementen su motivación y permitan la participación activa y significativa en su propio aprendizaje.

La pizarra digital en el aula la abre al mundo con el acceso inmediato a las fuentes de información de Internet y también a sus posibilidades de comunicación interactiva en tiempo real (chat, videoconferencia...) o diferido (comentarios, tablones, documentos y proyectos compartidos...). El mundo exterior entra en el aula a través de la prensa digital, los programas de televisión o de radio... podemos utilizar didácticamente muchos materiales realizados por profesores, alumnos y personas ajenas al mundo educativo: enciclopedias, estudios, museos, mapas, viajes, imágenes, sonidos, vídeos...

La pizarra digital actúa como germen de innovación y cooperación, ya que a través de ella, profesores y alumnos pueden compartir y comentar ENTRE TODOS la información y los recursos de que disponen (presentaciones multimedia y otros trabajos de clase en formato digital, vídeos, documentos en papel para proyectar con un lector de documentos o una cámara...). Y esta posibilidad de presentar y comentar conjuntamente en el aula todo tipo de información y actividades facilita la aplicación de nuevas metodologías didácticas, un mejor tratamiento de la diversidad y que los alumnos tengan un papel más activo y participen más en las actividades de clase, tengan más autonomía y dispongan de más oportunidades para el desarrollo de competencias tan importantes en la sociedad actual como buscar y seleccionar información (aportando puntos de vista, saberes y preconocimientos, culturas diversas...), realizar trabajos multimedia y presentarlos públicamente a los compañeros, desarrollo de la creatividad ...

Todo esto aún se ve reforzado cuando los estudiantes pueden acceder a Internet desde casa (a finales de 2009 un 45% de las familias españolas disponen de banda ancha y un 7% más se conecta por otros medios) donde pueden revisar los materiales que se han mostrado en clase o si se dispone de una Intranet/plataforma de centro como e-ducativa, donde profesores y estudiantes disponen de una carpeta personalizada en la que almacenar apuntes y trabajos desde casa que en cualquier momento podrán presentar en las clases.

Y de esta forma los alumnos están más atentos, motivados e interesados por las asignaturas (incluso en entornos en los que resulta difícil mantener la disciplina y el ambiente de trabajo en clase). Las clases pueden ser más vistosas, entretenidas y audiovisuales, facilitando a los estudiantes el seguimiento de las explicaciones del profesorado (se sienten en su mundo ante el multimedia de la pantalla o Internet) y la comprensión de los temas, que ahora se aproximan más a sus experiencias previas. Así resulta más fácil relacionar lo nuevo con lo que ya saben y realizar unos aprendizajes más significativos.

El profesorado aumenta su autoestima profesional: está utilizando eficazmente las tecnologías avanzadas, ha mejorado el quehacer docente, mejora la formación del alumnado... Explora en Internet e investiga en la clase. Continuamente van aprendiendo cosas nuevas, a partir de los materiales que se presentan en clase. Resulta gratificante y divertido. Con el tiempo va descubriendo nuevas posibilidades metodológicas y muchos nuevos recursos aplicables para el tratamiento de la diversidad.

Por otra parte, estamos ante una tecnología limpia, transparente y que no da problemas (si un día no va el ordenador o Internet da problemas, simplemente desarrolla una clase alternativa sin la pizarra digital) y que resulta muy fácil de utilizar: enseguida se aprende todo lo necesario para empezar. El profesorado se familiariza rápidamente con el sistema, y aunque a veces deberá realizar esfuerzos complementarios (búsqueda de webs interesantes, elaboración de esquemas y apuntes...), en general su empleo no supondrá una significativa mayor dedicación, sobre todo si se trabaja en equipos docentes presenciales o virtuales.

Según los datos de la última investigación realizada desde el grupo DIM (Promethean 2006-2008), aunque la utilización de esta tecnología puede suponer algo más de trabajo, los profesores consideran que merece la pena por los resultados que se obtienen, y destacan las siguientes ventajas al utilizar las pizarras digitales:

  • Potencian la motivación y la atención del alumnado en general.
  • Permiten acceder en clase a muchos recursos y compartirlos.
  • Facilitan la comprensión (imágenes, simulaciones ), investigar, crear...
  • Hay más implicación y participación del alumnado en las actividades (les gusta).
  • Facilitan la enseñanza, el aprendizaje y el logro de los objetivos educativos
  • Facilitan actividades colaborativas y compartir recursos.
  • Facilitan la realización de correcciones colectivas
  • En general su uso aumenta la satisfacción, motivación y autoestima docente.
  • Facilitan renovación metodológica que promueve la innovación didáctica.
A lo que puede añadirse que ese supuesto trabajo extra inicial se compensa posteriormente con la disponibilidad de los recursos hallados y utilizados en momentos anteriores.

Y en esta línea estaban también las conclusiones de la investigación SMART 2005:

  • Instrumento de comunicación entre docentes y discentes en clase, que facilita tanto la aplicación de metodologías tradicionales centradas en la enseñanza como de metodologías centradas en los estudiantes (aunque la mayoría de profesores considera que ha innovado).
  • Resulta útil en todas las asignaturas y niveles, proporcionando recursos visuales y nuevas posibilidades metodológicas que facilitan la presentación y comprensión de los contenidos, el tratamiento de la diversidad, la realización de actividades más dinámicas y una mayor motivación y participación de los estudiantes.
  • Se puede aprender más y mejor con la PDI, aunque esto dependerá de las metodologías.
  • Profesores y estudiantes prefieren hacer las clases con la PDI.